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OBSERVATORIO SOBRE LA DESPOBLACIÓN

El medio rural aragonés pierde 43.000 habitantes en una década

El medio rural aragonés pierde 43.000 habitantes en una década

La despoblación y el envejecimiento de los habitantes siguen amenazando al medio rural aragonés, que en la última década ha perdido un importante porcentaje de sus habitantes a pesar de las numerosas iniciativas para frenar este problema. Según datos del Instituto Aragonés de Estadística, los pueblos de la Comunidad de menos de 2.000 habitantes sufrieron un descenso de su población del 16% entre 2002 y 2012, una caída de más de 43.000 personas que dejan a muchas localidades en una situación complicada. Hace diez años, 270.000 aragoneses vivían en este tipo de localidades, mientras que ahora solo quedan 226.000.

Aunque algunos expertos apuntan que la crisis económica ha llevado a muchos aragoneses a plantearse un retorno -temporal o definitivo- al medio rural, lo cierto es que los datos ponen de relieve un problema de hondo calado. “Hay núcleos muy pequeños que ya se encuentran en situación de muerte biológica y ya es muy difícil que reviertan esa situación”, analiza Enrique Ruiz, profesor de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza. De hecho, en medio centenar de municipios no hay personas menores de 14 años y casi en la mitad (315) de todas las localidades de Aragón no se registró ningún nacimiento durante todo un año.

“La gran mayoría de los pueblos tienen una población muy envejecida que poco a poco va falleciendo, y no se produce el relevo generacional que sería necesario para garantizar su continuidad”, explica Lourdes Arruebo, presidenta de la Red Aragonesa de Desarrollo Rural (RADR): “La gente joven se ha formado y ya no regresa al medio rural, ya que los puestos de trabajo a los que suelen aspirar suelen estar en la ciudad”.

El escaso retorno de los jóvenes a sus lugares de origen, unido al gran envejecimiento de la población rural y el escaso índice de natalidad han puesto en peligro la supervivencia de numerosos pueblos, aunque también hay zonas en las que ha sucedido lo contrario. “Hay localidades que han sabido explotar los recursos con los que cuentan y han recuperado algo de población”, explica Ruiz, quien hace referencia a las zonas que se han beneficiado de actividades concretas, como el turismo de nieve en el Pirineo.

Los grandes municipios crecen

Mientras en los pequeños pueblos aragoneses disminuye el número de habitantes, las localidades de más de 10.000 habitantes han ganado 145.000 personas durante la última década, un incremento del 18%. Además de recoger a parte de las personas que durante esta época dejaron el medio rural para trasladarse a ciudades de diferente tamaño, el medio urbano también ha crecido al calor de la inmigración. Solo en la primera década de este siglo, el número de inmigrantes se multiplicó por diez en Aragón, pasando de 17.000 a 170.000, una cifra que se ha estabilizado durante los últimos años.

La gran mayoría de estas personas de origen extranjero se establecieron en las tres capitales de provincia, sobre todo Zaragoza, y en algunos municipios de mediano tamaño ligados a la agricultura u otros trabajos temporales. “Muchos inmigrantes llegaban a Aragón a través de campañas agrícolas, por lo que el medio rural era un trampolín hacia el medio urbano, donde se acababan instalando”, indica el profesor de la Universidad de Zaragoza.

Aunque la expansión de las poblaciones de más de 10.000 habitantes ha sido importante durante la última década, todavía ha sido mayor en las zonas intermedias, formadas por municipios de entre 2.000 y 10.000 habitantes, en las que el crecimiento ha sido del 28%, 45.000 personas más. “En el entorno de las grandes ciudades se ha producido un gran asentamiento de población”, explica Ruiz.

¿Retorno al mundo rural?

Ahora, la situación económica ha podido revertir -o al menos paralizar- la migración del campo a la ciudad, pero este fenómeno todavía no ha adquirido demasiada fuerza. “La crisis ha colapsado las salidas laborales que antes ofrecían las grandes ciudades, por lo que se puede producir un pequeño cambio en la tendencia. Se están produciendo casos de retorno del medio urbano al rural, pero no es algo generalizado que pueda solucionar el problema”, reconoce Arrueba.

“Estamos en una época en la que los movimientos de la población los marca el trabajo, y ahora quizás sea más sencillo trabajar en el campo que en la ciudad”, asegura la directora del RADR. “La población se asienta donde tiene posibilidades de obtener un nivel de renta y una ocupabilidad adecuadas”, añade Ruiz.

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