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OBSERVATORIO SOBRE LA DESPOBLACIÓN

El pueblo leonés que dijo adiós a la despoblación

Leemos en el Norte de Castilla un interesante reportaje sobre Tabuyo del Monte, y el modo en el que ha combatido la despoblación y el abandono. Todo un ejemplo que vale la pena conocer, y del que tenemos mucho que aprender. 
Contra la despoblación y el desempleo no hay fórmulas mágicas ni secretos, lo que hace falta es mucho trabajo, empeño e ilusión. Tabuyo del Monte es una pequeña localidad de apenas 300 habitantes, ubicada en la falda del monte Teleno, en la provincia de León, que puede presumir de haber conseguido eliminar el prefijo 'des' de los términos población y empleo, gracias al esfuerzo, el compromiso y la coordinación de todos sus habitantes. «Nos hemos movido por todos los sitios, hemos conseguido subvenciones y hemos echado muchas horas», así resume Isabel, dueña de la casa rural La Casa del Herrero, su trabajo para hacer de Tabuyo una localidad con futuro en la que los jóvenes decidan llevar a cabo su proyecto de vida.
Tabuyo es uno de los seis pueblos del Ayuntamiento de Luyego de Somoza, en total no suman el millar de habitantes, pero cuentan con más de cuarenta empresas. Entre los logros de los vecinos destaca la recuperación de la escuela a la que acuden 15 niños y la construcción de una residencia y centro de día para sus ancianos, en la que trabajan 13 mujeres y un médico. Desde la Junta vecinal tienen muy claro que cuidar de sus mayores y garantizar el futuro a los más pequeños son sus tareas principales. Además, Tabuyo cuenta con dos museos, uno dedicado al mundo de las setas y otro sobre apicultura. Se ha conseguido un pueblo con vida al que, incluso, están llegando parejas jóvenes cuyas raíces están a muchos kilómetros de distancia.
Orgullosa, y no es para menos, su alcaldesa, Marisa Rodríguez, afirma que «es una cosa rara» que en un municipio de 900 habitantes haya más de 40 empresas y que no haya paro ni masculino ni femenino. Una de las claves principales, explica, es que se ha diversificado en los proyectos, algo «fundamental» para que sean sostenibles en el medio rural. Marisa -enfermera de profesión- junto con otras cuatro mujeres de la localidad -Encarna, Luci, Carmen y Visi- se lanzó en el 2004 a la complicada aventura de crear una cooperativa de productos de la zona manufacturados artesanalmente; se llama Del Monte de Tabuyo y elaboran, por ejemplo, remolacha escabechada a la frambuesa, confitura de remolacha o setas caramelizadas que venden también a través de Internet. Ahora «las cosas nos van bien», pero los inicios fueron más que complicados, recuerda. «Emprender en el medio rural y en femenino no es nada fácil, hace falta mucha vocación», pero después, la satisfacción es «muy grande». Precisamente, la satisfacción que produce el ver el resultado de un trabajo complicado pero bien hecho se percibe cuando las componentes de esta cooperativa muestran sus instalaciones (que cuentan con calefacción de biomasa, buena prueba de su compromiso con el medio ambiente) y sus productos. Echando la vista atrás, Marisa recuerda que cuando acudieron a los bancos para solicitar créditos, tuvieron que «aguantar» muchas risas y comentarios; les llegaron incluso a preguntar si sus maridos sabían lo que estaban haciendo. «¡Después de ser yo la gestora del Ayuntamiento, todavía ponían en duda que pudiésemos llevar a cabo un negocio!», recuerda. Del Monte de Tabuyo es hoy realidad gracias también a programas europeos como Leader II, Leader Plus o Águeda Mujer Rural, de los que recibieron financiación y formación para iniciarse en un sector que hasta entonces no se había explotado en la localidad. Tabuyo del Monte es conocido por sus setas; el restaurante de la cooperativa y el de La Casa del Herrero organizan anualmente jornadas micológicas en las que estos hongos se degustan desde el primer plato hasta el postre. Las setas sólo se dan en primavera y en otoño, pero dado que son el ingrediente 'estrella' de sus productos y platos, en la cooperativa realizan un cultivo artesanal y natural que les permite contar con ellas todo el año. A simple vista parece que creciesen de bolsas de plástico, pero el proceso es más complejo, estas bolsas están rellenas de paja, en ellas se inyecta el micelio (semilla) y gracias a unas condiciones determinadas de temperatura, humedad y ventilación, la superficie se cubre de setas listas para comer en aproximadamente dos semanas. Además, la cooperativa también 'hace crecer' otro tipo de setas en troncos de roble agujereados en los que se inyecta el micelio.
Codo con codo
El buen ambiente y la familiaridad se notan en Tabuyo del Monte nada más llegar, todos sus vecinos se conocen y se ayudan, las casas están abiertas y la amabilidad se respira en el ambiente. Es otro de los secretos que hace este pueblo tan especial. Todos, asegura la alcaldesa, «trabajamos codo con codo», los diferentes proyectos que hay en marcha funcionan porque «no están ligados al enriquecimiento personal», sino al de «un territorio y a su sostenibilidad». Como ejemplo, los dos restaurantes, lejos de competir, colaboran constantemente en la organización y recepción de visitantes.
La Casa del Herrero es hasta el momento el único lugar para alojarse en Tabuyo del Monte. Isabel y Andrés abrieron sus puertas hace 12 años, y fueron pioneros en un mundo que hoy parece muy familiar, pero del que entonces apenas se hablaba. Isabel viajó a Francia para conocer qué era el turismo rural, se dio cuenta de que «Tabuyo tenía la necesidad de contar con un lugar en el que la gente pudiese alojarse», gracias a un curso del Grupo de Acción Local realizó su proyecto e hizo su casa. Tiene siete habitaciones, sin televisión porque hay más que ver fuera que dentro de la casa, y cada una de ellas lleva el nombre de diferentes partes del monte de Tabuyo, como Peña Corredor o el Sanguiñal. De ellas, la habitación que más llama la atención es el Foyacal que, explica Isabel, «viene de una zona del pinar donde hay mucho roble cuyo fruto es el foyaco», sin embargo, entre risas explica que «da lugar a segundas interpretaciones y a la gente le hace gracia».
Isabel y Andrés son otro ejemplo de la diversificación en sus proyectos. Además de la casa rural, cuentan con un restaurante, un bar, el museo de la miel y más de 600 colmenas distribuidas por todo el monte. El encargado de este último negocio es Andrés -un leonés de la capital al que enamoró Tabuyo hace más de dos décadas- quien explica que, junto con otra persona, recoge anualmente entre 10.000 y 20.000 kilos de miel, «en función de la floración y el tiempo», que después se vende por toda España. Recientemente ha puesto en marcha el Museo de la Miel en el que se exponen colmenas de más de un siglo de antigüedad, se explica todo el proceso de producción, así como diversas curiosidades, entre ellas, que para producir una cucharada de miel, una abeja tiene que visitar más de 7.000 flores o que el veneno de las abejas es un fármaco natural 500.000 veces más potente que cualquier antibiótico conocido.
Otro de los principales focos de empleo de Tabuyo es su monte, hay dos cooperativas forestales que dan trabajo a alrededor de una veintena de personas y cuya actividad se centra en los servicios relacionados con la selvicultura y explotación forestal. Entre sus múltiples actividades, una de estas empresas, la cooperativa Teleno Forestal, hace vallado de brezo. Se trata de atar las ramas de brezo de manera que sirvan para hacer un tupido cercado. Antes, explica Félix, uno de los socios de la cooperativa, se vendía mucho en Cataluña para los chalés pero la crisis les «ha afectado mucho».
Progreso y mundo rural
Tabuyo del Monte fue en la Edad Media una localidad importante, prueba de ello, es su gran iglesia que, dicen en el pueblo, «se planteó como una gran catedral». Sus vecinos han logrado frenar la despoblación y recuperar la prosperidad de tiempos pasados. El esfuerzo está dando sus frutos y el futuro está más que garantizado. Sus habitantes continúan trabajando con ilusión en nuevos proyectos como la construcción de un albergue de la naturaleza o una piscina, con lo que día a día demuestran que el progreso no está reñido con el mundo rural y que en el trabajo y en la unión está la garantía del éxito.

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