Pueblos en el olvido
El libro 'Historias de vida en el medio rural' recuerda, con el testimonio de treinta mujeres de diferentes municipios de España, el papel fundamental que la mujer ha tenido y está teniendo en el desarrollo del medio rural. También pretende hacer visibles a unas mujeres que están llevando a cabo "una revolución silenciosa" y cuyo trabajo, en muchos casos, no se reconoce.
La publicación, editada por la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR), ha sido presentada esta tarde en el pabellón de la provincia de Zaragoza en la Exposición Internacional Zaragoza 2008 en un acto al que han asistido cerca de un centenar de mujeres y responsables de los sindicatos UPA y UGT.
Asimismo, el acto ha contado con la presencia de la presidenta de Fademur España, Teresa López; la presidenta de Fademur Aragón, Teresa Sevillano; la consejera de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón, Ana Fernández; el consejero de Agricultura y Alimentación, Gonzalo Arguilé, y el presidente de la Diputación de Zaragoza, Javier Lambán, entre otras autoridades.
El libro se inicia con una introducción que analiza la situación de las mujeres en el medio rural, su relación con el mercado laboral, su participación política y social y los retos de futuro que deberán afrontar.
A continuación, en el capítulo 'Historias de vida en el medio rural', treinta mujeres españolas explican por qué eligieron vivir en el medio rural, qué ventajas y dificultades se han encontrado y cuál ha sido su experiencia como mujeres.
Sobre la situación de la mujer, la presidenta de Fademur-Aragón, Teresa Sevillano, recordó a los presentes que "la invisibilidad de las mujeres en la historia es un hecho" que ha comenzado a cambiar "en los últimos treinta años", periodo en el que "hemos avanzado muchísimo" aunque aún queda "un gran camino por recorrer".
PALIAR UN VACÍO.
Para Sevillano, las mujeres del medio rural han sido "olvidadas e ignoradas" sistemáticamente y este libro viene a "paliar un vacío", advirtiendo del papel fundamental que han tenido en el desarrollo de los municipios.
Así, la publicación es "el primer peldaño" para poner en valor a las mujeres que trabajan día a día por alcanzar la igualdad, y a éste deberán seguirle otros que analicen más aspectos de su vida en el medio rural.
Por su parte, la presidenta de Fademur España, Teresa López, aseguró que el libro es un compendio de "historias de vida que destila ilusión por el futuro", un "documento humano de primer orden" que muestra el empeño de las mujeres por "cambiar la realidad" y hacerse visibles.
Para la consejera de Servicios Sociales y Familia, Ana Fernández, el texto es "un reconocimiento y un homenaje a las mujeres del mundo rural aragonés" que en los últimos años han sido partícipes de "cambios evidentes", como su mayor implicación en la vida económica y social de este entorno, en la que ha sido "una andadura hacia el reconocimiento de sus derechos".
Fernández también incidió en que el de las mujeres es un trabajo "no siempre reconocido", pero advirtió que "hay que seguir avanzando para conseguir la plena igualdad".
Para alcanzar este objetivo, habrá que desarrollar las políticas de igualdad de oportunidades, "un objetivo prioritario porque ayuda a revitalizar el medio rural", a través de planes de igualdad dirigidos a evitar su despoblación y envejecimiento.
En opinión del presidente de la Diputación de Zaragoza, Javier Lambán, el libro es "un acierto editorial desde cualquier punto de vista. Es una expresión ajustada y veraz de lo que es la realidad española".
Lambán consideró que para que la sociedad continúe avanzando es necesario que se aplique la Ley de Desarrollo Rural y, para ello, "es fundamental contar con el compromiso de las mujeres", a quienes dijo que, "después de la Expo hay vida y vosotras sois protagonistas imprescindibles y fundamentales" en el futuro del medio rural aragonés.
TRES ARAGONESAS.
En el acto de presentación del libro, tras la proyección de un DVD con testimonios de mujeres trabajadoras que viven en el medio rural, tres mujeres vecinas de localidades de la provincia de Zaragoza han contado a los presentes su experiencia.
Elena Monesma, vecina de Sangarrén (Huesca), señaló emocionada que la suya ha sido una "historia de superación y a veces de trabajo invisible", mientras que María Jesús Ruiz, de Sabinar (Zaragoza), afirmó que "ser protagonista de este libro ha supuesto detenerme en el tiempo y darme cuenta de las dificultades" y problemas con los que ha convivido día a día y que ahora intenta cambiar desde su cargo como concejala de Pueblos en el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros.
Por último, Patricia Casalé, de Valareña (Ejea de los Caballeros, Zaragoza), aseguró que ser joven y vivir en el medio rural le ha dado "más ventajas y satisfacciones" que vivir en las ciudades y aclaró que su vida "es igual que la de cualquier joven", pero con la ventaja de que puede disfrutar "más de la tranquilidad y la naturaleza".
DÍA DE LA MUJER.
La presentación del libro 'Historias de vida en el medio rural' se ha enmarcado en la celebración del Día de la Mujer en el pabellón de la provincia de Zaragoza en la Muestra Internacional.
Los actos de este día han comenzado por la mañana, con la reunión del Consejo Consultivo de la Mujer de la Diputación de Zaragoza en ese mismo espacio y han continuado con una comida para las consejeras, que han podido disfrutar también visitando algunos pabellones de la Expo.
Para finalizar los actos de esta jornada festiva, el grupo Zarracatralla Folk ha animado con su música a las mujeres presentes en el acto y a los visitantes del pabellón provincial.
Las mujeres tendrán su próxima cita importante el 20 de octubre en Zaragoza, fecha en que se celebrará el Día Nacional de la Mujer Rural.
La UNED de Barbastro (Huesca) acoge las III Jornadas sobre sostenibilidad y despoblación en el medio rural. Leemos esta noticia de Ángel HUGUET en el Diario del Alto Aragón.![]()
Leemos una magnífica columna de Margarita Torres en El Diario de León un texto preñado de ironía y de verdad, que debiera ejercer como aldabonazo en algunas conciencias.
A continuación reproducimos un magnífico artículo de Juan Antonio Cebrian de Miguel publicado en Diario de la Rioja
Hace ahora tres meses, pronuncié la conferencia inaugural del congreso organizado por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos utilizando este mismo título porque subraya dos características de la corriente inmigratoria en España: su vocación de permanencia y su excepcionalidad, tanto en el ritmo de llegada como en la procedencia. La inmigración actual en nuestro país tiene tal intensidad que en el plazo de dos décadas ha hecho posible el asentamiento de cerca de 5 millones de extranjeros, según la estimación del INE a partir del Padrón Municipal de habitantes de enero del 2007. Se trata de un movimiento acelerado, ya que en el año 1998 los residentes extranjeros eran solamente 637.085. En otras palabras, en los últimos diez años la población residente extranjera se ha multiplicado por ocho, aproximadamente. Y aunque su distribución regional aparece claramente dominada por las comunidades más dinámicas económicamente, con el paso de los años los inmigrantes se han extendido por el territorio nacional, siendo muy populares en todas las provincias. La Cornisa Mediterránea, Madrid, Canarias y Baleares acogen al mayor número de residentes extranjeros; a continuación se sitúan Aragón y el País Vasco, cuya población extranjera ha crecido mucho proporcionalmente en los últimos cinco años.
La procedencia de los inmigrantes resulta también excepcional, por su variedad. Las comunidades más numerosas se caracterizan por la proximidad, geográfica y/o cultural de su país de origen. Por ello, entre las diez nacionalidades más frecuentes aparecen varias europeas, la marroquí y algunas latinoamericanas. Temporalmente, podemos distinguir varias oleadas de inmigrantes: una primera fase en la que ha predominado la inmigración de europeos jubilados, seguida de la llegada de marroquíes durante los años 90, de latinoamericanos en el período 1995-2005, y de los rumanos a partir del 2005. Como resultado, nos encontramos actualmente con cuatro categorías de nacionalidades de origen más representadas, que rondan los 500.000 residentes en el primer grupo (Marruecos, Rumania y Ecuador); en el segundo, los 300.000 (Reino Unido, Colombia y Argentina); en el tercero, los 200.000 (Alemania, Francia, Bolivia); y en el cuarto, Perú, los 150.000.
Con un 10% de población extranjera, España es, por primera vez en su historia contemporánea, un país de inmigrantes. Una transformación que ha tenido lugar en muy breve espacio de tiempo. En tales circunstancias, las políticas migratorias han tenido que formularse con carácter de urgencia, ampliando continuamente el marco de la legalidad y concediendo repetidas amnistías. La Administración española se ve obligada a divagar por un espacio complejo, ya que el ordenamiento de la inmigración tiene que tener en cuenta realidades económicas, sociales, diplomáticas, humanitarias, legales. Paulatinamente, el tratamiento de los problemas migratorios se ha ido descentralizando.
Si pensamos en las funciones que cumplen los inmigrantes en la España del siglo XXI, distinguiremos, sin ser exhaustivos, la económica, la demográfica y la cultural. Los inmigrantes desempeñan un papel importante en la nueva estructura económica de nuestro país, que se ve afectada por una modificación importante del mercado de trabajo a raíz de la aparición de un nuevo tejido empresarial, con los siguientes rasgos fundamentales: llegada de las multinacionales buscando mano de obra barata y sumisa, y un sistema político estable; reducción drástica de la empresa pública; proliferación de las PYMES; reconversión industrial, robotización, industria ligera y transporte; transformación de la agricultura de subsistencia en agricultura especulativa; 'boom' de la construcción; consolidación del sector turístico. Al mismo tiempo, han tenido lugar dos transformaciones sociales de primera magnitud: la incorporación de la mujer al trabajo y el envejecimiento de la población. Se comprende que en esta nueva situación la creación de empleo haya sido superior a la oferta de trabajo de la sociedad autóctona. Sobre todo, se ha creado un número elevadísimo de puestos de escasa categoría y remuneración que los naturales no han reclamado y que los inmigrantes han aceptado como agua caída del cielo. Este tipo de trabajos se concentra, fundamentalmente, en el servicio doméstico, la hostelería, la construcción y, en las regiones mediterráneas, en la agricultura.
Sin solución de continuidad, los inmigrantes cumplen una función cultural y una función demográfica, esta última con un carácter extraordinario. Los inmigrantes han hecho posible que España supere con creces su límite histórico demográfico. Los españoles siguen siendo 40.000.000, pero los nuevos españoles son cinco millones más. En proyecciones de la población española a medio plazo se baraja la cifra de cincuenta millones de personas, gracias a la inyección inmigratoria y a su movimiento natural. La población inmigrante adopta pautas de fecundidad muy superiores a las de la población autóctona: los nacimientos de madre extranjera en España son ya superiores al 10,5% del total. Aunque las tasas de fecundidad de los inmigrantes tiendan a moderarse con el tiempo, la población inmigrante con vocación de permanencia está cambiando drásticamente las condiciones demográficas de nuestro país, ahuyentando la sombra del colapso demográfico. Al tiempo, los inmigrantes necesitan también cubrir sus necesidades, que, naturalmente, deberá facilitar el cuerpo social que los acoge: permisos de residencia y trabajo, puestos laborales, vivienda, educación, sanidad e integración, entre otras. En España se han multiplicado las actuaciones asistenciales y las asociaciones pro inmigrantes y de inmigrantes, que, junto con los gobiernos locales y regionales, prestan atención a estas necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo procedente del extranjero.
Finalmente, me interesa reflejar el crecimiento de la voluntad de los inmigrantes no nacionalizados de participar en la vida política de nuestro país, porque pienso que es la sociedad civil la que debe canalizar las inquietudes de la población inmigrante no naturalizada, con representación en foros a todos los niveles. Forzar su participación plena en la vida política sería banalizar todavía más la esencia de la democracia española, facilitando la creación de líderes 'mediáticos'. Si los españoles hemos descubierto que nos resulta complicado compartir un 'pasado común', no parece honesto forzar la integración de los inmigrantes españoles no naturalizados. El respeto por cada comunidad étnica o histórica es fundamental en cualquier sociedad plural que no esté en descomposición.
Reproducimos el artículo de El Faro de Vigo
El concello lalinense es el que tiene más núcleos rurales por debajo de la decena de habitantes. Cruces y Dozón, con 16 y 6 lugares en peligro de desaparición, están a la cola de esta estadística.
DANIEL FERNÁNDEZ / LALÍN La comarca dezana cuenta en la actualidad con 180 aldeas en peligro de desaparición a causa de la despoblación de sus vecinos, según los últimos datos censales del Instituto Nacional de Estadística (INE). En concreto, se le da esta consideración a los núcleos rurales que cuentan con menos de una decena de habitantes.
De este modo, estos 180 lugares corren el riesgo de seguir el mismo camino que las 19 aldeas dezanas que no cuentan con ningún residente. En concreto, se trata de 4 lugares de Lalín (dos más que el año pasado), 8 de Silleda, 5 de Rodeiro y 2 de Vila de Cruces. Agolada y Dozón no cuentan con sitios con estas características de despoblación.
Por ayuntamientos, cabe señalar que Lalín es el municipio dezano con más aldeas en peligro de desaparición, ya que contabiliza un total de 45. En concreto, se trata de Corredoira, Anseán, Nogueiras, Reibo, Alfonsín (Barcia), Empedrada, Estación, Caxide, Chares de Outeiro, Casas Vellas, Barreira, Quinta, Penelas, San Martiño, Fondevila, Navallo, Porreiros, Vila, Souto, Castiñeira, Espiño, Hermida, Alle, Lameiro, Porto do Carrio, Anduxao, Goleta, Grela, Pedrouzo, Barreirón, Igrexa (Prado), Liñares, Outeiro (Prado), Praduxao, Porral, Riba, Barreiro, Horta, Igrexa (Soutolongo), Vilar, Alfonsín (Vilatuxe), Outeiro (Vilatuxe), Cabana, Chedas y Portomartín. De este modo, más del 10% de los 350 núcleos rurales de la capital dezana están en esta peligrosa situación de despoblamiento.
A continuación, figuran Silleda, con 42 aldeas casi deshabitadas; Rodeiro, con 36; Agolada, con 35; Vila de Cruces, con 16; y Dozón, con 6.
En el concello trasdezano, están en esta situación de riesgo los lugares de Reboreda, Lázara, Outeiriño, Tellado, Santa Baia, Vilacalva, Ferveda, Portovello, Rañadoiro, Barreiro, A Casela, A Codeseira, Souto, Riobó (Laro), Bravil, Medelo, A Moa, Cabana, Rabo de Gato, Riobó (Negreiros), Marza, O Cruceiro, Redemuiños, Veiga, Cardesín, Outeiro, Pallota, Curbeira, Barradaos, Carracido, Pedralaxe, A Pena, Barcia, Barro, Coscaros, Costoia (Siador), Currelo, Costoia (Silleda), Ponte, Regueira, Fontelas y Río.
Por su parte, en Vila de Cruces las aldeas con menos habitantes son Eirexe, Armada, Noveledo, Brandariz, Aguiar, O Cruceiro, Castro, Souto, Caldavila, Espiñeiro, Loño, Outeiro, Lamela do Medio, Outeiriño, A Dobreixa y Souto (Oirós).
En Agolada y Rodeiro sorprende la elevada cifra de lugares con menos de una decena de vecinos, ya que se sitúan en niveles absolutos muy cercanos a los de Lalín y Silleda pese a contar con un número muy inferior de parroquias y aldeas. En todo caso, en Rodeiro, al igual que en Dozón, se ha producido una situación extraña. Así, el lugar de Casasoa, que estaba despoblado en el año 2006, ha conseguido recuperarse en el ejercicio siguiente y registra en la actualidad a dos habitantes. En términos parecidos se ha movido la aldea castrense de Cardoufe, que estaba deshabitada y gracias a un traslado cuenta en estos momentos con un residente.
A continuación os informamos de la exposición que Agustí Hernández y José Manuel Almerich sobre "Pobles Abandonats". Ha sido a través de este espacio como nos hemos enterado del trabajao de estos valencianos, que han aportado una nueva visión de la despoblación en el País Valenciá. Os la recomendamos.
(Foto de Agustí Hernández, "conjunt runes dueñas)
“Pobles abandonats, pobles en la memòria” es una exposición itinerante que estará en La Beneficència hasta el próximo mes de abril
EL MUSEU VALENCIÀ D’ETNOLOGIA MUESTRA LOS PUEBLOS, ALDEAS Y MASÍAS VALENCIANAS DESHABITADAS La exposición incluye 8 módulos, 2.200 fotos, 3 vitrinas, una escenografía y 50 objetos de la vida cotidiana Se podrá ver restos del desaparecido pueblo de Loriguilla y objetos abandonados en algunas masías de Ludiente o LlucenaLa parte más extensa de la exposición “Pobles abandonats, Pobles en la memoria” es la fotográfica. Los ocho módulos, de xxx por xxx centímetros, están forrados con fotos tanto por dentro como por fuera. Las fotografías más pequeñas son cuadradas, de 50 por 50 centímetros, pero también hay otras de incluso un metro y medio por un metro.
La información gráfica que se ofrece en estos módulos también consta de indicaciones como la evolución de la población en comarcas como Los Serranos o els Ports, o la ubicación de los lugares deshabitados. Además, por distintas ventanas -espacios no utilitzados para colocar fotos- se puede visionar el interior de cada módulo. Allí se encuentran las fotos interiores y los objectos de la vida cotidiana de los núcleos de población deshabitados.
El resto de las fotografías, hasta llegar a las 2.200 de que consta la exposición se pueden ver en un interactivo en el que, por municipios y comarcas, se accede a información gráfica de cada uno de los núcleos deshabitados. Cabe recordar que en el conjunto de territorio valenciano hay más de 500 núcleos de población deshabitados.
Personas que emigraronEn el interactivo se puede consultar las entrevistas realizadas a personas que habitaban en lugares como Domeño (Los Serranos), La Colonia de Santa Eulalia (Sax y Villena, el Alto Vinalopó), la Fàbrica Giner (Morella, els Ports), especialistas que hablan sobre los despoblados moriscos (Josep Torró en l’Atzubieta, la Vall d’Alcalà, la Marina Alta), o personas que vivieron en Vizcota (Alpuente, Los Serranos), Rambla Seca (Cortes de Pallás, El Valle de Ayora), La Llècua (Morella, els Ports) o Gavarda vella (Gavarda, la Ribera Alta).
Las vitrinas completan la información con documentos referidos a estos lugares, así como objetos que nos dan una perspectiva de cómo vivían las personas de estas comarcas hasta el abandono.
Desde el punto de vista del contenido, cabe destacar que los motivos de abandono que han sacudido al territorio valenciano son cinco, aunque por afección territorial y número de personas afectadas, sin lugar a dudas el más importante es la emigración del campo a la ciudad. Ya a principios del siglo XX una parte de la población que vivía en el campo comenzó a marchar a las zonas industrializadas y poblaciones mayores, sobre todo del litoral. Este proceso se consumó entre finales de los años 50 y los 70. Es el momento en que muchísimas aldeas y masías del interior valenciano cerraron las puertas, o, simplemente, las dejaron abiertas y sus habitantes marcharon para en muchos casos nunca más volver.
En las poblaciones más grandes del interior también se notó la merma demográfica, como se puede apreciar en la exposición a través de los paneles. A modo de muestra, un municipio de la comarca dels Ports, como Vallibona, hoy tiene 100 habitantes, cuando en 1910 tenía unos 2.000; o en la provincia de Valencia, en el Rincón de Ademuz, en la última década se ha perdido alrededor de un 20% de la población.
El interior de las provincias de Valencia y Castellón es donde más afección ha tenido el éxodo rural (comarcas del Valle de Ayora, Los Serranos, Rincón de Ademuz, Alto Palancia, Alto Mijares, l’Alcalatén, Alt y Baix Maestrat y els Ports).
Construcción de embalsesOtro motivo de abandono de poblaciones y villas que se aborda en la exposición “Pobles abandonats, Pobles en la memòria” es la construcción de embalses. En la segunda mitad del siglo XX, el aumento demográfico en las ciudades y áreas pobladas de la costa provocó un incremento de la demanda de agua. Fue el momento de la construcción de los grandes embalses valencianos, que provocó que algunos pueblos fueron derribados, anegados u abandonados: Domeño, Loriguilla, Benagéber, Campos de Arenoso, Tous o parte de Guadaséquies.
Catástrofes naturalesEn la exposición “Pobles abandonats, Pobles en la memoria” también se puede apreciar que otra causa de abandono han sido las catástrofes naturales. Aquellos ríos que han sido una fuente de riqueza a lo largo de la historia y que han ayudado a crear paisajes como la Ribera del Júcar, también han provocado la desaparición de núcleos de población como Alasquer, Pujol, el Toro o Pardines.
La pantanada de Tous, consecuencia de un error técnico, obligó a canviar de ubicación los pueblos de Gavarda y Beneixida; mientras que la caída de piedras como consecuencia de las fuertes lluvias de 1957 sobre Marines Viejo, provocó la creación del nuevo Marines.
La construcción de colonias agrícolas e industriales se concibió para ocupar zonas del territorio sin población susceptibles de ser cultivadas, o en el caso de las industriales para completar las rentas del sector primario. Fracasadas las colonias, hoy todavía podemos ver los restos de colonias como la de Santa Eulalia (entre Sax y Villena, El Alto Vinalopó) que se hizo siguiendo los principios del socialismo utópico, la dels Plans (Alcoi, l’Alcoià) o la Fàbrica Giner (Morella, els Ports).
Expulsión de los moriscosCon respecto a la expulsión de los moriscos, producida en el año 1609, se calcula que en el conjunto del entonces Reino de Valencia fueron expulsadas entre 120.000 y 130.000 personas, lo que representaba entre una tercera y una cuarta parte de la población total, calculada en unos 400.000 habitantes. Esta sangría demográfica y de fuerza de trabajo tuvo mayor afección en las actuales comarcas centrales y en la Serra d’Espadà, los lugares a los que se habían ido replegando los moriscos. Todavía hoy podemos ver ruinas de numerosos despoblados moriscos en territorio valenciano
La población residente en España alcanzará los 50 millones de personas en el año 2015 -frente a los 45 millones actuales-, de los que unos cuatro millones serán nuevos inmigrantes, según las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE). El subdirector de Estadística de Población del INE, Ignacio Duque, ha avanzado que hasta el 2010 se mantendrán los fuertes flujos migratorios de entrada al país; a partir de ese año descenderán ligeramente y en 2014 se producirá "un punto de inflexión" a la baja. De esta manera, el INE prevé que tanto en 2007 como en 2008 se registren 800.000 nuevos accesos de inmigrantes y 175.000 salidas, y que en 2014 haya solo 550.000 entradas y 175.000 salidas.
En el mismo horizonte temporal, la esperanza de vida de los españoles mejorará ligeramente, al igual que su tasa de fecundidad. Los 78 años actuales de esperanza de vida de los varones se convertirán en 79 años, y los 84 años de las mujeres subirán hasta los 85 años, lo que supone un aumento "muy leve".
La tasa de fecundidad de las mujeres también se recuperará "un poco, básicamente en la medida en que la fecundidad de las madres inmigrantes es algo más elevada y algo más anticipada, pero también hay un proceso de adaptación a los patrones demográficos del país". En la actualidad, dicho parámetro se sitúa en 1,4 hijos y en 2015 será de 1,51, con lo que España se igualará a la media europea (1,5 hijos). Asimismo, la edad media de maternidad se retrasa de los 30,9 años, en 2007, a los 31,07 en 2014.
Sobre la evolución de la pirámide de población por edades, el subdirector de Estadística ha informado de que no se registrarán grandes modificaciones, de modo que continuará el paulatino envejecimiento de los nacionales. Esto último será contrarrestado por la dinámica externa de los inmigrantes, en su mayor parte jóvenes. El incremento en alrededor de cinco millones de personas hasta el 2015 -de 45 a 50 millones de personas- fue calificado por Duque de "bastante importante", incluso dentro del contexto europeo.Leemos en el ( El Diraio de León - 23/10/2007 )un artículo a cerca del informe presentado por la Fundación BBVA, que presulta de enorme interés, y que confíamos en que sea de vuestro agrado. Ahí va.
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A continuación repodrucimos un interesante artículo sobre Asturias que han escrito Fermín Rodríguez y Rafael Méndez en el periódico digital www.ine.es y que esperamos sea de vuestro agrado, porque refleja la realidad de aquel territorio.
Cuesta sintetizar setenta y ocho semanas de citas con los lectores y más si éstas eran para hablar de Asturias, y aún más si el retrato sale de analizar uno por uno sus 78 concejos, teselas de un abigarrado mosaico o rompecabezas ¿Qué fue lo que vimos? ¿Cómo vimos a Asturias al comienzo del siglo XXI? ¿Viendo y contando se puede anticipar cómo será Asturias al final del siglo XXI?
Vimos un país a través de sus pedazos constituyentes. De sus concejos. Elegimos una perspectiva territorial, lo que quiere decir que concretamos. Leímos el territorio, escuchamos a la gente. Y aunque la geografía no sea una máquina de cortar en trozos la piel de Gaia, intentamos descubrir la especificidad de cada uno. El lector paciente sabrá si lo conseguimos.
Vimos un país muy determinado por la geografía, esencialmente montañoso, distinto por eso de sus vecinos, con mucha personalidad. En definitiva, vimos un país.
Tanta arruga vimos que da diversidad. Que Asturias sigue siendo un país lleno de cosas, bellas, interesantes. Que Asturias está llena de enclaves y en cada uno hay un mundo, además muy original, y eso, hoy, es un capital, quizás intangible, pero que se puede convertir en riqueza si los asturianos saben transformarlo en capital de relación, hacer que interese a los demás, protegerlo, crear marca.
Una orografía complicada da un clima variado, una geografía compleja. Asturias es una isla entre sus vecinos peninsulares, y dentro de ella hay un archipiélago de pequeñas islas, que contumazmente se resisten a desaparecer u homogeneizarse. En apenas unos kilómetros surgen mundos muy diferentes que aguantan el «tsunami» del envejecimiento, de la despoblación o de la uniformidad homogeneizadora.
Vimos un país isla que, sin embargo, ignora la mar. Y eso es mucho ignorar en un país atlántico. Otra más de las perplejidades que Asturias ofrece al que pretende conocerla. Pero Asturias no se deja conocer fácilmente, cuesta trabajo abarcar sus aparentes 10.500 kilómetros cuadrados, extraordinariamente arrugados y cargados de historia. Una historia muy revuelta en el último siglo. Dinámica que la llevó a cargarse de modernidad en su primer tercio y a experimentar, al modo español, la transformación última, lo que reforzó aún más si cabe su excepcionalidad.
Vimos un país muy usado, cuyo paisaje contiene hojas que fueron funcionales en distintos tiempos y hoy coexisten amalgamadas, fruto del aislamiento: la escasa accesibilidad, la contumacia o la tenacidad, que de ambas maneras puede decirse lo mismo, y, sobre todo, del ensimismamiento en la nublina caliente.
Vimos un país que en el último cuarto de siglo transitó por el túnel oscuro de la reestructuración, desconcertado por la suma de reconversiones, y que palpando y a empujones ha sabido encontrar la salida. En 25 años ha experimentado una transformación colosal del empleo, intentando buscar la vida, los proyectos, que laten debajo de las piedras, y en Asturias hay todavía muchas.
Vimos una línea que corriendo desde Avilés a Oviedo va hacia el Sureste, separando unos concejos dinámicos, los del centro y oriente, de los situados a Occidente, apagados, amenazados por el vacío y el aislamiento.
Vimos un país en el que sus habitantes se agrupan en tres formas de poblamiento: la metropolitana, trepidante y cosmopolita; la urbana, representada por las 37 villas, joyas urbanas, cuajadas de servicios y herederas de un buen pasar, y la rural, con algo más de 6.000 aldeas de menos de 100 habitantes, que no están en la naturaleza, son naturaleza y muchas cosas más: el soporte de una cultura ganadera que por atrás se pierde en la noche de los tiempos y por delante siente la amenaza del porvenir, soledad para viejos y calidad para quienes las reocupan, ya sean foráneos o los hijos que retornan para definir un nuevo modo de vivir Asturias, donde no se puede precisar con nitidez dónde reside cada cual. Depende de la época del año, de las tareas pendientes, de la anchura del fin de semana, del estado de ánimo, del tiempo, de Hacienda... Vimos, de nuevo, complejidad. Pues el país ha ido integrándose más, tanto en el interior del área metropolitana, hasta dar lugar a Ciudad Astur, un gran artefacto urbano a escala europea, como entre ésta y el resto del país, a través de los goznes que son las villas. Villas que aguantan, que no retroceden, como sí hace el resto de sus términos concejiles, aunque con muchas salvedades. Pero hoy destaca el envejecimiento, Asturias fue una de las primeras regiones en conocer la modernidad demográfica en España, es decir, la reducción de la natalidad y de la mortalidad. Hoy, con una larga esperanza de vida y en medio de la desnatalidad, muchos de sus concejos están envejecidos y demográficamente se comportan como la pólvora mojada, van disolviéndose lentamente, sin ruido. Pero no todos. Esto corresponde a los concejos de especialización primaria, que no cuentan con villas de más de 1.000 habitantes o su población total no alcanza los 2.000. Hay una diversidad de ruralidades, por eso conviene repasar las fórmulas que utilizan los que tienen éxito, los que luchan por la vida y mantienen una ocupación dinámica de su territorio. Vimos que ninguno está condenado de antemano, que no hay un destino, hay personas y opciones, y debe haber oportunidades y capacidad de organización para gestionarlas.
Vimos que Asturias es un auténtico laboratorio para los geógrafos. Una región paradigmática de uno de los modelos de Europa, es vieja y está en reestructuración, mudando su cara, sometida a cambios rápidos y de largo alcance que están alumbrando un país diferente para iniciar un ciclo muy distinto al ya vivido.
No sirven las comparaciones, la plenitud no la da un pasado de superpoblación y necesidades, cada generación debe buscar su momento de acuerdo con sus capacidades y vimos que si los concejos fueran personas todos las tienen. Por el momento. No para siempre. Por eso, si las oportunidades de desarrollo son efímeras y el ritmo de la reestructuración rápido, no nos sobra tiempo.
Después de dos décadas largas Asturias converge con las demás regiones, a su ritmo, pero sigue la misma dirección, no corre en dirección contraria al pelotón. En esto sin duda ha tenido mucho que ver la consolidación del Área Metropolitana en Ciudad Astur, la heredera del distrito industrial centenario, al que ha renovado para convertirse en la plataforma de actividad y vida del nuevo siglo, una ciudad para la mundialización, a la que aún le queda recorrido, y no tanto por su expansión, pues permanece demográficamente estabilizada desde hace 25 años, sino en su reorganización interna, en la que aún están por integrarse plenamente los concejos que fueron muy mineros en el inmediato pasado, sobre los cuales, en todo o en parte, pesa la amenaza de la exclusión marginadora y el desafío de su consolidación urbana interna, que pasa por enhebrar las cuentas deslavazadas de su rosario urbano. Una gran urbe que debe buscar las complementariedades con el resto del sistema territorial, las villas y las aldeas, para las cuales debe ser un factor de protección y oportunidades, pues sin ella estarían descabezadas, y Asturias perdería su identidad tradicional y su salud económica y ambiental.
Fermín Rodríguez y Rafael Menéndez, geógrafos, han colaborado semana a semana con la serie «Asturias Siglo XXI». En este artículo destacan la diversidad y complejidad de Asturias, «un país lleno de cosas», alertan del declive demográfico y subrayan el protagonismo que le corresponde a Ciudad Astur en el desarrollo futuro de la región