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Alcaldes resignados ante la despoblación
Leemos un interesante editorial en La Crónica de León, a propósito de la situación demográfica de la provincia.
La provincia de León tiene el que posiblemente sea el mayor problema de despoblación y envejecimiento de toda Europa, a pesar de que la mayoría de las provincias de Castilla y León no le van a la zaga. Contar con 211 ayuntamientos para una población inferior al medio millón de habitantes es un dislate, pero si añadimos que de los 1.288 pueblos que componen estos ayuntamientos, unos mil tienen menos de cien habitantes, nos encontramos con una situación absurda e insostenible. Hasta ahora, todas las leyes y acuerdos políticos para frenar la despoblación han fracasado y la provincia sigue perdiendo población y, sobre todo, han dejado a cientos de pueblos al borde de la desaparición, que se consumará en su mayoría en las próximas décadas. No es sólo que los pueblos se queden sin gente, con el drama humano que supone, sino que los pocos habitantes que sobreviven en estos pueblos, generalmente ancianos, carecen de los servicios básicos que todo ayuntamiento debe garantizar, según establece la Constitución. Ante esta situación, la actual legislación contempla la fusión de municipios como principal arma para atajarla. En los últimos 5o años se han fusionado en la provincia un total de 24, pero ninguno en los últimos 30 años. La propuesta del alcalde de Balboa de fusionar cuatro ayuntamientos y 60 pueblos en el Bierzo ha abierto un debate que debe continuar, porque hasta ahora todos los anteriores se han cerrado en falso. La actual crisis económica, que ya suma dos años y que para las finanzas de los ayuntamientos aún sumará varios años más, está dejando en la quiebra a muchos ayuntamientos y pronto serán muchos, y no sólo pequeños, los que tengan dificultades para pagar las nóminas de sus empleados y mantener servicios tan básicos como el agua, la luz o la limpieza. Ante la reiterada negativa de los dos grandes partidos (PP y PSOE) de abordar la planificación territorial, desde La Crónica estamos convencidos de que el debate y las iniciativas tienen que surgir desde los pequeños pueblos y municipios, como es el caso de Balboa y en este debate nos emplearemos a fondo en el futuro. En un primer sondeo con los 19 alcaldes de los municipios de León, menores de 200 habitantes, sólo tres se han pronunciado favorablemente a debatir una fusión. El resto, se ampara en el posible enfrentamiento vecinal y en la resignación. Se equivocan dando la espalda al futuro, porque la despoblación es implacable y al final les arrollará.
Iguales sí, pero menos
Leemos este interesante artículo en Aragón Digital de Noelia Fragoso Delgado
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Unos 40 pueblos de Almeria corren peligro de desaparecer
NADIE NACE EN LA ESPAÑA RURAL

Leemos un interesantísimo artículo en La Gaceta.es, que pone de manifiesto la cruda realidad de la despoblación rural en España, a la vez que aporta información sobre nuevos movimientos y propuestas que se impulsan desde diversos municipios y colectivos para invertir la tendencia.
El 28% de los 8.111 municipios españoles no registró ni un solo nacimiento a lo largo de 2007. El interior acumula los datos de natalidad más deprimentes. Soria, Guadalajara y Palencia, a la cabeza.
En términos absolutos, España experimenta un aumento de población y, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número medio de hijos por mujer en edad fértil alcanzó en 2008 su valor más alto en 18 años, situándose en 1,46. Sin embargo, una gran cantidad de municipios se encontrará al borde de la desaparición si su población no rejuvenece pronto. El pasado 28 de agosto, los 42 vecinos de Contamina (Zaragoza) recibieron con alegría al primer bebé nacido en el pueblo desde 1966. Este hecho no es todo lo anecdótico que pueda parecer, ya que por todo el territorio nacional existe una gran cantidad de municipios en los que no se registra ni un solo nacimiento a lo largo de los últimos años, mientras sus viviendas se desocupan tanto por la atracción de la urbe como por las inevitables defunciones.
Castilla y León pasa por ser la comunidad autónoma con el mayor despoblamiento de sus pueblos, con Soria a la cabeza. En esta provincia, el 75% de los municipios no registró ningún nacimiento (tomando como referencia la residencia materna) en 2007, último año del que se tienen estadísticas detalladas. Para acabar con esta mala racha y potenciar los valores de la provincia, existen asociaciones que se esfuerzan por situar a Soria en el mapa.
La lucha por existir
Entre ellas destaca Soria Activa, una fundación sin ánimo de lucro que promueve su desarrollo. Para conseguir su objetivo, Anselmo García, su director, insiste en que para llegar a la prosperidad hay que apoyar “las iniciativas y las ideas emprendedoras”. Se queja de que Soria ha pasado desapercibida en el desarrollo de las infraestructuras. “Es ahora cuando se están construyendo autopistas para conectar los principales puntos de la provincia con el resto del país”, expone. Para no llegar “al punto de no retorno”, la fundación se esfuerza por hacer de Soria la provincia más puntera en la implantación de nuevas tecnologías. “Ya nos quedamos atrás en autovías, ahora estaremos por delante en las autopistas de la telecomunicación”. También están promoviendo la modernización de la agricultura para adaptarla a los nuevos tiempos. Se trata de invertir en crear un cultivo energético competente para que el trabajo en el campo no se considere una opción del pasado.Algunos pueblos semantienen gracias a las viviendas para el veraneo y las fiestas patronales
La dimensión del problema es de tal magnitud queexisten asociaciones repartidas por todo el país centradas y enfocadas en las zonas con mayor envejecimiento y empobrecimiento. Son conocidos como Grupos de Acción Local y se extienden desde la sierra de Cádiz hasta la comarca asturiana de Oscos, pasando por el Maestrazgo turolense.
El proyecto Abraza la Tierra aúna el trabajo de estos grupos en Castilla y León, Cantabria, Aragón, Madrid y Castilla-La Mancha. Eva González, la coordinadora de Codinse, la asociación que orquesta la iniciativa, coincide con Anselmo García en que la clave está en incentivar y potenciar el espíritu emprendedor. Insiste en que “los pequeños pueblos son algo más que ganadería, agricultura y casa rural”. Por eso se dedican ya no sólo a mejorar las prestaciones políticas y económicas, sino también a concienciar tanto al conjunto de la sociedad de todas las prestaciones que pueden proporcionar estas zonas como a los propios habitantes de los pueblos deprimidos, para que aprendan a actuar en la medida de lo posible y sean conscientes del importante papel que desempeñan en este proceso.
Desde Abraza la Tierra luchan por conseguir las mismas prestaciones que se ofrecen en las grandes urbes, en materia de telecomunicaciones y servicios, para hacer de las zonas tradicionalmente agrestes un lugar atractivo para aquellos que puedan establecer su trabajo fuera de la metrópoli. Ya no sólo hablan del teletrabajo, sino de asentamiento de las empresas para generar un empleo lo suficientemente estable para que los pueblos no acaben por desaparecer.El pequeño pueblo de la vicepresidenta De la Vega aumenta y ofrece múltiples servicios a base de subvenciones
Poco a poco el camino de las telecomunicaciones va tomando cuerpo en las regiones más deprimidas de la geografía española. Para fomentar esta coyuntura, la Fundación Cibervoluntarios y la Federación Española de Municipios y Provincias (Femp) han firmado recientemente un convenio que tiene la finalidad de impulsar el uso de las nuevas tecnologías en las zonas rurales, en un intento de eliminar la actual brecha digital geográfica.
Las cifras ofrecidas por el INE, al fin y al cabo, son pura estadística y carecen de todo matiz, por lo que no debe tomarse el padrón como representación de la realidad. Por eso, el pueblo salmantino de Puertas no sería anecdótico si se observa que tiene 82 habitantes registrados, una cifra pequeña, pero como un gran número de municipios españoles. Sin embargo, Jovita Rodríguez y Rosario Benito son las únicas personas que viven todo el año en el pueblo. La primera pasa de los 90 años y la segunda es octogenaria. El resto del pueblo mantiene un vida puntual, realzada en el periodo estival y durante las fiestas patronales, por lo que todas las casas, excepto las de Rosario y Jovita, son segundas viviendas. Sin embargo, el pueblo se mantiene vivo e incluso posee una red wifi de internet.
Sí, se puede
Los pueblos de la zona sufren una severa despoblación, pero también poseen un ejemplo de esfuerzo por sobrevivir. Se trata de Trabanca, un pequeño municipio de Las Arribes que ha sabido renovarse a través, precisamente, de su tradición. Su alcalde, José Luis Pascual, explica que se encontró hace 10 años con un pueblo abocado a la despoblación, por lo que él y su equipo estudiaron el mejor proyecto en el que invertir. Observaron que la tradición, el medio ambiente y el turismo podían convertirse en una buena salida y se pusieron manos a la obra. Actualmente, la mayoría de la población del pueblo es menor de 40 años y con estudios universitarios.
Pascual optó por crear empleo público que, a su vez, generase nueva inversión. Ahora las miras del pueblo superan fronteras, es la sede de la Agrupación Europea de Cooperación Territorial Duero y está imerso en un proyecto entre España y Portugal sobre la ruta internacional del vino. La esperanza de Pascual es que “los pueblos de la zona se contagien de este espíritu” para no desaparecer. Sin necesidad de ser presidente de los EEUU asegura que “sí, se puede”.
Sobre la región del Macizo del Caroig, en el interior de Valencia, también se cierne el miedo a la desaparición de los pueblos. Sin embargo, mientras todos pierden habitantes cada año, uno de ellos gana. Se trata de Beneixida. Mientras en otros ayuntamientos, como el de Bicorp, despachan el tema con un tajante “no hay nada, no hay trabajo y la gente se va”, Beneixida recibe amablemente. Su alcaldesa, Eva Roig, explica que desde hace unos años se han tomado muy en serio esta coyuntura, por lo que han empleado todos los esfuerzos en ofrecer un pueblo con todos los servicios que se puedan encontrar en la ciudad, pero a menor coste y ganando calidad de vida. Para alcanzar la meta se ha empleado el método de la subvención: piscina municipal, comedor, material escolar e incluso los nacimientos, que están a 500 euros por bebé. Y es que todas las ayudas son pocas para un ayuntamiento gobernado por el PSOE que, para más inri, es donde está empadronada la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.
El cierre de escuelas, inevitable pero mejorable
Leemos un Editorial en el periódico La Crónica de León a cerca de algo tan doloros, como el cierre de las escuelas, algo de actualidad, ahora que ha empezado el nuevo curso.
Pocas hay tan tristes como sufrir el cierre de la escuela del pueblo. Los habitantes que en él residen no pueden evitar contemplar el principio de fin de su entorno. Cerrar una escuela en un pueblo porque no alcanza el mínimo de cuatro alumnos es, a pesar de todo, la mejor solución para estos niños, que de otro modo se verían relegados y desplazados socialmente desde sus primeros años de vida. Es imposible garantizar una educación de calidad en una escuela rural con menos de 4 niños, y muy difícil con esta cifra. No se trata de un problema del sistema educativo, sino social. Es la despoblación y el envejecimiento de la población rural, en este caso la leonesa que, a pesar del espejismo de la vuelta al pueblo que la crisis ha provocado este verano, seguirá su marcha imparable hasta el cierre por defunción de decenas de pequeños pueblos de León. La educación y la sanidad son los dos servicios públicos esenciales para la pervivencia de los pequeños pueblos. La garantía universal de estos servicios es irrenunciable y de su eficiencia depende en gran parte el éxito de la política territorial de cualquier administración. La escasa población de muchos ayuntamientos dispersos en varios pueblos limita enormemente su capacidad y son muchos hoy los que deberían renunciar a su autonomía para buscar su fusión con otros colindantes para lograr una mejora de los servicios. Si los políticos locales tienen ante sí una gran responsabilidad, mayor aún es la de las administraciones superiores, porque tienen medios y recursos para planificar el futuro a largo plazo en este sentido. La Junta lleva años dando vueltas de una consejería a otra al instrumento idóneo para garantizar este derecho. Se trata de las Directrices de Ordenación del Territorio, que tan nefasta aplicación han tenido en el primer intento de aplicarlas en una zona concreta, la Montaña Oriental de León. En materia sanitaria acaba de tomarse una decisión acertada, tras una larga polémica. Astorga tendrá por fin un centro de especialidades médicas que completará el centro de salud. Haber optado por un hospital comarcal, como reclamaba la mayoría de la comarca, hubiera sido un error carísimo, que jamás podría haber garantizado un buen servicio. Este tipo de decisiones, como la creación de colegios comarcales y el cierre de escuelas, deberían tener su marco planificado en estas directrices, que la Junta debe aprobar de una vez, relegando su histórico miedo a la comercialización.
El grito de la despoblación
La Lluvia Amarilla en el Teatro Donostia
En este día en el que Benedetti nos dejó para siempre, nos hacemos eco de el arte literario en torno a la inmortal obra de Llamazares, "La lluvia amarilla",
La novela 'Lluvia amarilla' llega al Teatro Principal de Donostia
«Con la muerte de Andrés desaparece el último habitante de Ainielle, un pueblo del Pirineo de Huesca». Éste podría ser el doloroso resumen de la novela de Julio Llamazares, La lluvia amarilla. La publicó en 1988 y se convirtió en uno de los grandes éxitos editoriales de aquel y siguientes años.
Y fue una gran sorpresa para el autor, que así lo reconoce: «Yo no apostaba mucho por ella; me refiero desde el punto de vista comercial. No hay que olvidar que, cuando apareció en las librerías, España era posmoderna y nada quería saber de su realidad».
La compañía madrileña [in]constantes teatro, se ha atrevido con este texto que, según el director del montaje, Emilio del Valle, «nos sitúa ante una gran metáfora a partir de la cual podemos reflexionar sobre la memoria y el olvido, la voluntad, el tiempo, la naturaleza, la identidad y el abandono».
La despoblación rural en 'La lluvia amarilla'
El gran tema que plantea Llamazares en su texto es, para Del Valle, «uno que ha tocado a distintas comunidades del mundo entero y que las ha unido a través de la literatura: la despoblación rural, el abandono completo de cantidades enormes de pueblos y aldeas, dejándolas pudrirse de soledad. En 'La lluvia amarilla' pareciera que la naturaleza, en su ciclo eterno, destruye al hombre y no al revés».
La función se presenta como un monólogo, interpretado por el veterano y buen actor Chema de Miguel. A su lado el músico Francisco Lumbreras, que acompaña la acción con los sonidos del didgeridoo, un instrumento de viento ancestral utilizado por los aborígenes de Australia.
En escena el personaje de Andrés, «un solitario que se ha quedado fuera del intercambio humano y, en términos políticos, una figura marginal en periodo de desintegración», dice el director de la pieza. Para Llamazares, con el paso al teatro de su texto, «se ofrece a los lectores, espectadores también ahora, una nueva expresión de la tragedia de Ainielle, que es la misma de tantos pueblos españoles».
La despoblación amenaza con borrar del mapa la mayoría de las aldeas macedonias
Leemos una nota de la agencia EFE sobre la despoblación en Macedonia:
Unas 1.100 aldeas de Macedonia, de un total de 1.728, están en peligro de desaparecer debido a la migración hacia las ciudades y una tasa de crecimiento demográfico ínfima.
Ya están totalmente despobladas 147 aldeas, reveló esta semana el Instituto Nacional de Estadísticas, que señala que hace 60 años una sola aldea estaba abandonada.
En varios centenares de poblados viven sólo unos pocos ancianos, de modo que dentro de poco también éstos podrán quedarse sin vecinos, advierten los especialistas en demografía de Macedonia, una pequeña ex república yugoslava de 2 millones de habitantes situada en el sureste de Europa.
En torno al 58 por ciento de los habitantes del país balcánico viven en los 34 principales centros urbanos, y en la capital, Skopje, se encuentra algo más del 20 por ciento de la población total del Macedonia.
Desde mediados del siglo pasado, unos 700.000 habitantes de las aldeas pasaron a vivir en las ciudades en busca de una vida mejor, dejando cerradas sus casas en los campos.
Una aldea así es Tresonche, en el monte Bistra, en la parte oeste del país, donde reina un ambiente de silencio y se van arruinando poco a poco las viejas viviendas construidas según el estilo arquitectónico tradicional de la zona, con piedra, terrazas de madera (en macedonio "chardak") y las ventanas pequeñas.
"Sólo quedamos tres familias aquí. La mayoría de las personas se fueron a lo largo de los últimos treinta años", cuenta en declaraciones a Efe Kuzman, un maestro jubilado de 68 años que vive en Tresonche junto a su mujer.
"Los emigrantes están hoy casi todos en Skopje, pero algunos incluso se han ido a Estados Unidos, Bulgaria o Serbia", agrega.
Ese mismo ambiente se siente en numerosas aldeas por todas las partes del país, y en 458 viven hoy menos de 50 habitantes, la gran mayoría de ellos ancianos.
Los demógrafos Slave Ristevski, de la Facultad de Economía de Skopje, y Apostol Simevski, del Instituto Nacional de Estadísticas, aseguran que si las cosas no cambian, esas aldeas quedarán despobladas en un período de diez años.
Debido a los problemas económicos en un país con una tasa de desempleo superior al 30 por ciento, los habitantes jóvenes de las aldeas no suelen casarse ni crear familias.
En un intento de mejorar la situación, el Gobierno ha tomado varias medidas financieras para estimular la natalidad en las aldeas y también ha aumentado subvenciones para la agricultura.
La despoblación masiva de las aldeas comenzó después de la nacionalización de las propiedades privadas a mediados del siglo pasado, en la antigua federación comunista yugoslava, de la que Macedonia formaba parte.
Prosiguió tras el colapso de las cooperativas agricultoras estatales, pocos años después, cuando los campesinos comenzaron a mudarse a las ciudades para trabajar en las fábricas.
Y la transición hacia el capitalismo liberal, que Macedonia siguió tras su independencia proclamada en 1991, tampoco ha cambiado esa tendencia.
Noticias
Nos hacemos eco del nacimiento de un nuevo blog, el que ha puesto en marcha Agustí Hernández, un trabajador por la causa de los pueblos abandonados, que ha hecho la mayor parte de su trabajo en la Comunidad Valenciana, y que ahora nos lo muestra en su bitácora, que os recomendamos por afinidad a nuestro trabajo.
http://www.elspoblesvalenciansabandonats.blogspot.com:80
Del mismo modo, y dado que faltan escasas fechas, os anunciamos la celebración del III Coloquio "HABITAT DISPERSO, DESARROLLO RURAL Y SOSTENIBILIDAD", que tendrá lugar en la localidad turolense de Puertomingalvo, los días 25 y 26 de octubre, y cuyo programa podéis encontrar en nuestra web www.maestrazgo.org o en la página de CEDDAR cuyo link encontraréis entre nuestros favoritos.
Castilla y León gana 14.420 vecinos en doce meses, el mayor incremento en seis años

Leemos en la edición digital de El Mundo la siguiente noticia de M. Peláez
VALLADOLID.- A cuentagotas, pero Castilla y León suma y sigue. En un año, el que va de julio de 2007 al mismo mes de 2008, la Comunidad consiguió que en sus registros se inscribieran 14.420 nuevos vecinos. O lo que es lo mismo, que ganara un 0,5% de población.
Se trata del mayor incremento experimentado en esos meses en la región desde al menos 2002, según las estimaciones publicadas ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Estos datos vienen a confirmar que la población vive una tendencia al alza continuada. ¿La razón? Un repunte del número de nacimientos y un aumento de la población inmigrante que encuentra en Castilla y León un lugar idóneo para asentarse. Eso ha contribuido también a que, entre enero de este año y el presente mes, la Comunidad volviera a sumar, en este caso 4.595 habitantes. En téminos relativos representa una subida del 0,2%.
Si se amplía la horquilla temporal hasta 2002 se observa que 49.856 castellanos y leoneses se han sumado a los registros regionales.
Aunque el cálculo realizado por este organismo permite a Castilla y León dar un respiro a la hora de analizar el gran problema de la despoblación, lo cierto es que no ha sido el área de España con mayores incrementos, ni siquiera está por encima de la media nacional —1,6%—. De hecho, se coloca como la quinta Comunidad —por detrás de Asturias, Extremadura, Galicia y País Vasco— con menores índices de crecimiento, según las estimaciones del INE.
Contrasta y mucho con el casi 3% de aumento registrado en Baleares y Murcia, o el 2% superior de Valencia, Castilla-La Mancha, Madrid o Canarias.
Pero ¿el crecimiento es homogéneo por grupos de edad? Ni mucho menos. Castilla y León, como ya se lleva tiempo alertando, pierde 'cerebros'. Y es que la rebaja poblacional se inicia a los 10 años y concluye a los 29. A partir de esa edad se remonta, ganando número de habitantes, hasta llegar a los 65 años donde se vuelve a producir una curva descendente que culmina a loas 74 años. De ahí en adelante se ha ido ganando población desde julio de 2007 a la actualidad.
Tampoco los aumentos son homogéneos a lo largo de todo el territorio nacional. Todas las provincias, a excepción de León, Palencia y Zamora, han visto cómo sus pueblos y ciudades se poblaban en los últimos años.
La mayor caída se experimenta en Zamora. En el último año restó de sus registros 491 habitantes, un 0,2%. En ese mismo 'negro' listado, se encuentra Palencia, con pérdidas superiores a los 230 vecinos (un 0,13%), y León, que en un año ha visto cómo desaparecían de sus ficheros 74 personas, un 0,01%.
En el extremo contrario se sitúa Segovia. Es la provincia castellana y leonesa con niveles más positivos en términos relativos. Desde julio de 2007 al presente mes, ha ganado un 1,7% en su censo, lo que se traduce en 2.701 nuevos habitantes.
Por encima de ese uno por ciento también están Ávila —en concreto 1,2%—, y Burgos, con un 1% exacto. Ambas 'dibujan' una tendencia al alza que le permite anotar 2.117 abulenses y 3.850 burgaleses.
Valladolid es la provincia con mayores crecimientos en términos absolutos —5.074 habitantes y un 0,9%—. Por encima también de la media regional se coloca Soria, con más de 665 nuevos vecinos (un 0,7%). Por debajo de ese promedio, estaría Salamanca, que sólo ha logrado ganar un 0,2% a su población —809—.
Papel Mojado

Leíamos recientemente a Pedro Vicente en el Diario de León el siguiente artículo de denuncia sobre lo acontecido con un Observatorio Contra la Despoblación. Os lo recomendamos.
El ligero repunte demográfico registrado en la Comunidad ha permitido a la Junta sacar pecho, como si estuviera en el buen camino en materia de población. Y nada más lejos de la realidad. De todos es sabido que ese repunte no se ha debido a un crecimiento vegetativo de la población «autóctona», sino al aluvión de inmigrantes durante estos pasados años de bonanza económica. Descontado este último factor, desgraciadamente puede que coyuntural, subyace la incesante pérdida de población en el medio rural, que era el fenómeno que trataba de combatir la dichosa Estrategia, a día de hoy reducida completamente a papel mojado.
Junto a la despoblación rural, el creciente desequilibrio territorial entre unas provincias y otras es otro de los graves problemas estructurales de Castilla y León. El incremento de la renta media de la Comunidad hasta el 97 por ciento del promedio europeo encierra una gran desigualdad interna. La distribución provincial de esa renta dibuja un mapa hemipléjico, en el que las cuatro provincias situadas al Oeste (León, Zamora, Salamanca y Ávila) se han quedado descolgadas del tren delantero que comparten Burgos y Valladolid. La diferencia de 35 puntos entre Burgos (113 por ciento) y Zamora (78) revela el grado de descohesión a que ha conducido un crecimiento económico absolutamente desordenado, sin la mínima planificación territorial. Al igual que ocurre con la despoblación, el problema está detectado y diagnosticado. Otra cosa es la voluntad política para atajarlo.
El nuevo Estatuto de Castilla y León (disposición adicional primera) insta a la elaboración de un Plan de Convergencia Interior destinado a «eliminar progresivamente los desequilibrios económicos y demográficos entre las provincias y los territorios de la Comunidad» (sic). Pues bien, toda vez que la reforma estatutaria fue aprobada por el Parlamento Autonómico a finales del 2006, tiempo ha tenido la Junta de ir elaborando un Plan que debería ser absolutamente urgente y prioritario. Sin embargo, tal urgencia y prioridad no se ve por ninguna parte y en mayo del 2008 no se tiene el menor indicio de que se esté trabajando en esta materia. ¿Quedará también en papel mojado ese mandato expreso incluido en el nuevo y cacareado Estatuto?
NOS QUEDAMOS SOLOS
Leemos un magnífico artículo de Paco Antón en La Opinión de Zamora todo un ejemplo de la realidad que vivimos en la España interior, y que es perfectamente extrapolable a otros muchos territorios, como el caso del interior de Teruel. Todos hemos oído decir muchas veces, que otro "gallo nos cantaría", si la Semana Santa durase todo el año.
Acabó la Semana Santa y nos hemos vuelto a quedar solos. O casi. Yo creo que el domingo se han ido de Zamora más de los que vinieron. Después del bullicio y de las aglomeraciones de estos días, hay pueblos que parecen desiertos y calles de la capital por las que no se ve un alma. Bueno, quizá exagero, pero ésa es la sensación después de tanto evento procesional y de tanto gentío por el centro de la ciudad y también por los barrios de la periferia, donde incluso aparcar el coche ha sido empresa difícil. Dicen los que saben de estas cosas, que durante los días grandes de esta semana la capital acoge a unas 300.000 personas, lo que supone multiplicar por cinco la población habitual. De la provincia no suelen ofrecerse datos comparables, pero lo cierto es que en estas fechas vuelven a sus raíces más hijos y nietos del pueblo que durante el verano. Normal, si es verdad lo que dicen los datos estadísticos: que hay ya más zamoranos fuera de su tierra que residiendo en la propia provincia. Así que ahí está la primera explicación de por qué recibimos tantas visitas en estos días, sin que ello suponga restar atractivo alguno a la Semana Santa zamorana, ni pretenda tampoco aguarle la fiesta a los contadores oficiales de turistas ni a los que promocionan la ciudad y la provincia.
El caso es que nos vamos quedando solos, que cada vez somos menos y que ahí no para la sangría humana. Se afanan las administraciones, o eso dicen, en confeccionar planes contra la despoblación de estas tierras de interior, en poner dinero a espuertas para que el personal no se vaya a Madrid y a Cataluña y en idear incentivos para que vuelvan algunos de los que se marcharon e incluso para que vengan de otras regiones. Pero se ve que no, que la gente sabe discernir todavía entre el corazón y la cartera, por lo que sale pitando hacía la periferia rica en busca de los garbanzos, abre tenderete donde los encuentra, y reserva la Semana Santa y las Navidades para darle gusto a los sentimientos. Primero, la obligación. No cuajan las políticas contra la despoblación del Gobierno autonómico, los planes especiales del Gobierno central para hacer atractivas estas tierras ni los discursos optimistas de algunos agentes sociales. Y no hay trazas de que el futuro inmediato sea distinto a los últimos cincuenta años.
Nos lo acaba de vaticinar el Instituto Nacional de Estadística, que de esto sabe un rato. En el próximo decenio, España tendrá cerca de tres millones más de habitantes, ya que de aquí a 2017 casi todas las autonomías aumentarán su población de forma notable, excepto cuatro de ellas. Y en la excepción estamos nosotros, está Castilla y León, que encabeza ese cuarteto de comunidades que verán mermado su padrón con unas previsiones de escándalo: en esos diez años la región puede llegar a perder más de cien mil habitantes, con lo que bajaremos de esos mitificados 2,5 millones de almas que ahora tenemos. Pintan bastos una vez más. Y ya se pueden imaginar qué provincias de la comunidad bicéfala -no piensen en Burgos o en Valladolid, desde luego- seguirán sufriendo en mayor medida esta despoblación (que es desbandada también, pero sobre todo crecimiento vegetativo negativo, por muchos cheques-bebé y demás subvenciones que repartan los políticos). Palabrería sí le echan, pero no dan con las medidas idóneas. Van a tener que escurrirse la sesera más todavía. Si en Zamora lo de crear fábricas, polígonos y esas cosas que dan trabajo no resulta -que parece que no-, está claro dónde está el filón y cómo explotarlo: que la Semana Santa se celebre durante todo el año.
El 20% de la población alicantina ya supera los 65 años de edad
Alicante se ha convertido desde hace unos años en el destino elegido por los jubilados extranjeros para fijar su residencia, lo que está acelerando el envejecimiento de la población, que evidentemente tiene su causa en el aumento de la esperanza de vida y la reducción de las tasas de mortalidad.
La pirámide poblacional está cambiando y pese a que la natalidad ha empezado a recuperarse gracias a la inmigración, la realidad es que los servicios sociosanitarios alicantinos ya están afrontando el impacto de los cuidados de este colectivo.
Actualmente, más de 1.820.000 personas están censadas en la provincia, y de ellas el 17% superan los 65 años (305.007 personas), según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2007. Es decir, casi dos de cada diez alicantinos están en el periodo de jubilación, una cifra que se prevé que aumente un 12% en 2010 con la incorporación de otros 36.300 mayores al censo de la provincia.
De hecho, según las estimaciones de los geriatras, es a partir de este año cuando las tasas de envejecimiento se incrementarán más debido a un periodo clave en la historia española como fue la Guerra Civil.
Este conflicto bélico provocó unas tasas de mortalidad infantil muy elevadas y un descenso de las de natalidad. Y la población que hasta el pasado año se estaba sumando al colectivo de los mayores nació precisamente durante los años de guerra. Por ello se espera que las siguientes generaciones disparen las tasas de envejecimiento.
Casi sin niños
Actualmente, las cifras del Ine muestran que en medio centenar de municipios de la provincia, y de un total de 141 poblaciones, el porcentaje de ancianos alcanza o supera ya el 25%. Este es el caso de Famorca y Tollos (ambos situados en la comarca de El Comtat), que se han convertido en los municipios más envejecidos de Alicante. Se tratan de poblaciones muy pequeñas que sólo tienen censados a 53 y 65 vecinos, respectivamente, pero con unas tasas de mayores que casi triplican la media de la provincia.
Así, en Famorca, con un 49% de su censo que alcanza los 65 años, sólo dos niños de entre 10 y 14 años viven en esta población. En el caso de Tollos, la situación se repite con tres niños menores de 14 años y una tasa de personas de más 65 años que asciende ya al 47%.
Los 78 mayores que residen en la Vall d'Alcalà (Marina Alta) sitúan a su población en la tercera más envejecida (casi un 41%). Le siguen Castell de Castells (Marina Alta), con una tasa del 36,5%; Benifallim, en L'Alcoià (36%), y Quatretondeta, en El Comtat, con un 35,5%.
Precisamente, esta situación de despoblación y de emigración de personas jóvenes que está afectando a los municipios de la Montaña de Alicante ha llevado al centro de desarrollo rural Ceder Aitana a impulsar diferentes proyectos para intentar captar a nuevos pobladores.
La iniciativa -que se extiende a 55 núcleos rurales de las comarcas de El Comtat, L'Alcoià y la Marina- consiste en ayudas para la creación de nuevas empresas que generen más empleo y puedan ofrecer a familias jóvenes a instalarse o regresar a los municipios más pequeños del interior. Entre los negocios que más se están promoviendo destacan la apertura de alojamientos rurales, y la creación de campos de agricultura ecológica y microviñas, entre otros proyectos.
Los más jóvenes
Esta situación de despoblación contrasta con la que se vive en San Vicente del Raspeig y Mutxamel, los dos municipios más jóvenes de Alicante. Y es que ambos muestran unas tasas de personas mayores de sólo un 11% y un 11,4%, respectivamente. La ubicación de la Universidad de Alicante (UA) en San Vicente del Raspeig, así como la mejora de las infraestructuras, y una oferta de viviendas con precios más económicos pueden explicar estos bajos porcentajes.
Petrer (12,29%); Rafal (12,5%) y San Isidro( 13%), ambos en la Vega Baja; Bigastro, Crevillent y Elche (con un 13% de mayores) son otros de los considerados más jóvenes. En el resto de los municipios alicantinos las tasas se sitúan sobre la media de la provincia o la superan ligeramente.
La España que aún se desangra
A continuación reproducimos un artículo publicado en el Diario EL PAIS sobre una parte de España que padece la falta de inmigración y de empleo Habla de las zonas fronterizas con Portugal, que pierden población en un país de imparable crecimiento demográfico. Es un reportaje de Joseba Elola y vale la pena leerlo.
EL País - 20/01/2008
Hay una España que se despuebla y está al oeste. Hay una España que se despuebla porque siempre vivió de espaldas a Portugal. Hay una España que se despuebla porque le dieron la espalda. Y esa España, curiosamente, transcurre en los márgenes de la antigua Vía de la Plata, vértebra del esplendor comercial de la Hispania romana a la que hoy pretende sustituir una autovía renqueante que no termina de acabarse nunca.Los últimos datos publicados en enero en el BOE anuncian que la población española crece más allá de todas las previsiones, más allá de los 45 millones. Pero en el último año, Orense, Lugo, Asturias y cuatro de las cinco provincias que recorre la histórica calzada que conectaba la Mérida Augusta con Astorga quedan ajenas al boom.
La población sólo crece si llegan inmigrantes. Y los inmigrantes llegan si hay trabajo. Primera explicación a vuela pluma que brinda Julio Pérez Díaz, demógrafo investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De muestra, un botón: la provincia de Salamanca pierde el 0,5% de su población, sí, pero Guijuelo crece y crea empleo en toda la comarca al calor de los jamones. Poblaciones como Sorihuela reciben nuevos habitantes, hondureños y ecuatorianos que acceden a pisos de protección oficial. Y sin embargo, todavía no hay autovía que conecte Guijuelo con Salamanca. Los camiones transitan por una precaria carretera nacional, un carril en cada sentido. Salamanca, León y Cáceres pierden población en 2007. Zamora cae en picado desde 2000. La Vía de la Plata. ¿Por qué coincide la franja que se despuebla con la Vía de la Plata?
Valentín Cabero se recuesta sobre la silla de la sala de reuniones del decanato de la universidad de Salamanca y mesa su media melena cana. Se autodefine como "catedrático de la Vía de la Plata": ha dado clases en Universidades de Extremadura, León y Salamanca, donde ahora es decano de la Facultad de Geografía e Historia. Cabero sostiene que el problema es que España y Portugal siempre han vivido de espaldas, que el atraso histórico acumulado por dos dictaduras es una losa; "si no llega a ser por las ayudas de la Unión Europea, la franja fronteriza sería un desierto". Su colega Ricardo Robles, catedrático de Historia Económica, ahonda en la cuestión: "Ésta ha sido una frontera de retroceso, al contrario que la de Cataluña y Francia. Durante demasiado tiempo ha sido una zona desierta, desierta de comunicaciones. Y meter a la gente en un desierto es difícil. Aquí hay zonas de demografía siberiana, con cuatro o cinco habitantes por kilómetro cuadrado. Los proyectos que se ponen en marcha luchan contra décadas de atraso acumulado".
Vicente Rodríguez, geógrafo del CSIC, dice que cuando se llega al oeste se llega a un culo de saco: "Es un problema estructural. La inmigración sería la salida para regenerarse. La base económica es poco pujante, los jóvenes se fueron en los años sesenta y setenta".
Michel echa monedas en la máquina tragaperras, cuya cantinela se mezcla con las consignas apunkarradas que el grupo Arpa Vieja escupe por el equipo de música del bar. Estamos en La Taberna de Lalo, en Segura de Toro, un pueblecito cacereño de alrededor de 200 habitantes que llegó a tener más de 600 a finales de los años cincuenta. Sus padres pertenecen a esa generación que emigró en los 60, por eso Michel nació en París, hace 21 años. Gonzalo, el camarero, dice de él que es un filósofo: "Aquí no se crece porque no hay inmigrantes y porque no hay industria", dice Michel con su voz ligeramente cazallera. El pueblo está recuperando poco a poco habitantes, pero los jóvenes, él mismo, se tienen que ir fuera a estudiar. Hay un cierto sentimiento de culpa tras sus palabras, como si se hiciera responsable del destino del pueblo en el que ha vivido los últimos siete años: "No es que nos falten apoyos, la verdad. Aquí, si pides dinero para un proyecto, te dan subvenciones y puedes montar algo en el pueblo. Los jóvenes tenemos una asociación, pero somos un poco dejaos". A los pies del pueblo, las zarzas y el alquitrán sepultan los viejos raíles del antiguo ferrocarril de la Plata. Lo cerraron a mediados de los 80. El decano Cabero sostiene que habría que recuperarlo: "Supondría ahorro de energía y reactivación económica. Las autovías son túneles de paso entre espacios lejanos".
El cartel desteñido y oxidado de un restaurante argentino ya cerrado da la bienvenida al llegar a Béjar, el Manchester castellano del siglo XIX, el epicentro de la lana, en los confines de Salamanca. Una localidad que navegó en la abundancia, que Franco sostuvo encargando uniformes militares, que creció de modo ficticio en los 50 y llegó a la década de los 70 sin saber competir. Cuando llegaron los 80 tenía 18.000 habitantes. Ahora, 15.016. "El verdadero drama es que no hemos sido capaces de buscar una alternativa cuando se hundió la industria y nadie se preocupó por ayudarnos", cuenta Cipriano González, el alcalde. "La autovía de la plata se ha retrasado 20 años, llevamos 30 años sin una vértebra en el oeste. Con la despoblación se ha generado una sensación de derrota". El alcalde se muestra entusiasmado con la inminente llegada a la ciudad de una empresa de placas solares que creará 105 empleos a mitad de año, pero reclama un trabajo coordinado de las administraciones, reclama que la Junta de Castilla y León transfiera competencias a los ayuntamientos. El oeste necesita un plan coordinado. Porque plan, haberlo, haylo.
El 23 de julio de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, originario de León y Jesús Caldera, de Salamanca, propulsaron un plan con 115 medidas que supone la inversión de 4.000 millones de euros en ocho años. Ahí está la ampliación de los aeropuertos de León y Salamanca, la creación de un centro tecnológico de vanguardia, el Instituto de Nuevas Tecnologías de la Comunicación (que genera 500 puestos de trabajo), o el Hospital de San Andrés del Rabanedo (250 puestos, según los datos del Ministerio de la Presidencia). Desde luego, nada como tener un presi de la tierra: sólo León se ha llevado casi un billón de las antiguas pesetas (más de 6.000 millones de euros) en inversiones, según Presidencia. El esfuerzo inversor ha llegado, el PP sostiene que es un fiasco, pero tardará tiempo en dar sus frutos. Zamora, León y Salamanca se encuentran entre las 10 provincias españolas que registraron menor crecimiento de su población entre 2000 y 2005 según el último informe de la Fundación de las Cajas de Ahorro. León y Zamora también están entre las diez que menor crecimiento de empleo registraron en ese periodo. Eso no se recupera en cuatro días.
José Manuel y Julia llegaron hace tres años a Molinillo, un pueblo en el que hay que ponerse frente al ayuntamiento para tener cobertura. Una estrecha carreterita que parte desde Cristóbal, a 20 kilómetros de Béjar, conduce a este pequeño pueblo de la comarca de la Sierra de Francia, privilegiado microclima que siempre dio buen vino y buena patata. El año pasado cerraron la cooperativa por el problema demográfico, la gente que trabaja las viñas tiene ya más de 70 años. Ahora, el vino, cada cual se lo hace en su casa. Molinillo tiene 20 habitantes, no tiene tienda, ni bar. Hay médico dos días a la semana, el pan lo traen cada dos días y da gloria ver lo apañada que es la furgo del carnicero, con su higiénico despliegue de viandas. Es uno de los 2.248 municipios de la dispersa comunidad de Castilla y León, la región más grande y despoblada de España.
Julia nació aquí hace 56 años, cuando el pueblo tenía 350 habitantes, cuando las calles eran de barro, no había agua corriente y sólo había luz eléctrica por las noches. Hoy, es de las jóvenes del pueblo. Forma parte del codiciado colectivo de los retornados, de los nuevos rurales, de los urbanitas que regresan al campo. "Aquí se está mucho mejor que en Madrid, no nos sentimos aislados", dice. José Manuel está encantado con la tranquilidad: "El oeste de España está abandonado y los jóvenes se van a Madrid. No me extraña, con el kilo de uva a 35 céntimos, a ver quién se queda".
El profesor Cabero sostiene que la atomización del medio rural, con 140 municipios por debajo de los 100 habitantes, es rentable electoralmente para el Partido Popular, y que por eso la Junta tampoco se esfuerza demasiado en revertir la situación: "Son territorios que reportan un voto conservador". Aboga por una política comarcal, por núcleos intermedios que vertebren el territorio. "Esa ausencia de política comarcal es lo que está matando al medio rural, que se encuentra desprotegido, sin servicios de calidad, sin autoestima".
Recuperar a los que se fueron. Es uno de los objetivos que se ha marcado la Junta de Extremadura, que ha dado la vuelta a la tortilla en Badajoz, pero que pierde 1.368 habitantes en Cáceres entre 2006 y 2007. ¿Estrategias?: rastrean la red de casas regionales extremeñas que hay por toda España (sobre todo en Madrid, Cataluña y País Vasco) y tientan a los que se fueron para que vuelvan. Facilitan su acceso a una vivienda. Atraen a jóvenes para que hagan prácticas en empresas extremeñas. La llegada del AVE, para 2010, infunde esperanzas para confirmar los datos de años precedentes, que indicaban que la despoblación era historia en Extremadura.
En las Cortes de Castilla y León la preocupación llevó a crear una comisión parlamentaria sobre la despoblación que aprobó un paquete de 73 medidas en 2005. Ángel Villalba, secretario general del PSOE en esta comunidad, denuncia que las medidas que implicaban un esfuerzo económico por parte de la Junta, controlada por el PP, no se han puesto en marcha. Que la Junta sólo invierte el dinero que recibe de la Administración central. Que apuesta por fortalecer lo fácil, el eje Burgos-Valladolid. "La inmigración que nos llega no compensa la fuga de los jóvenes", asegura Villalba. Paula, salmantina de 18 años, camina en dirección a la Facultad de Geografía e Historia: "Esta ciudad enseguida se te queda pequeña, pequeña de ideas, pequeña de gente". Hojea un folleto cultural y protesta: "Fíjate, ¡aquí cabe la programación cultural de dos meses!".
El delegado de la Junta en Salamanca, Agustín S. de Vega, del Partido Popular, asegura sin embargo que todo el dinero que Salamanca recibe de la Junta se destina a luchar contra la despoblación. Para 2008, 191 millones de euros que se destinarán a mejorar carreteras y servicios. Vega reclama al gobierno central que tome medidas concretas, como bajar los impuestos a los que se quedan a vivir en los pueblos. Y se queja de la desconexión con Madrid: 92 interminables kilómetros de carretera nacional, por la N-501, es lo que le espera al viajero que llega desde la capital.
Los economistas coinciden en que las inversiones públicas no son suficientes para luchar contra la despoblación. Habla Matilde Más, economista y coautora de La localización de la población española sobre el territorio: "Las infraestructuras en sí mismas no generan por sí solas actividad. La gente se va donde hay actividad. La inmigración ha incrementado los desequilibrios territoriales". Ricardo Robles coincide en el análisis: "Las carreteras son rentables cuando hay gente para usarlas. Hace falta atraer inmigrantes a esas zonas. Para que el mercado funcione, hacen falta clientes". Robles aboga por el protagonismo de los ayuntamientos, para que la acción baje al terreno y quede menos en manos del Estado o las comunidades autónomas.
Fijar población en el medio rural es una de las claves y en esa batalla se encuentran iniciativas como Abraza la Tierra, un proyecto interterritorial que cuenta con el apoyo de varias comunidades autónomas y que busca a jóvenes emprendedores y familias que quieran vivir en el medio rural. Les dan facilidades y les orientan a la hora de que se instalen en un medio que no conocen. De ese modo se consiguen milagros como el ocurrido en 2005 en Peñacaballera, provincia de Salamanca. La escuela estaba a punto de desaparecer, cuando hay menos de cinco alumnos, las escuelas de los pueblos se cierran. Quedaban cuatro alumnos en el pueblo. La llegada de una familia madrileña con tres niños permitió que el colegio aún siga en pie.
Palencia es la provincia española que más población joven ha perdido desde 1960
El porcentaje de niños en el conjunto de la población palentina ha bajado 19,53 puntos porcentuales en la segunda mitad del siglo XX (la media española ha retrocedido en 13 puntos). Si en el año 1960 el censo de Palencia tenía registrados el 30,62% de niños, en el 2005 esta cifra había bajado al 11,09%. Este comportamiento -la pérdida del peso infantil en el conjunto de la población- enlaza con la reducción de la presencia de jóvenes entre los habitantes de la provincia.
Los directores del informe, Francisco J. Goerlich y Matilde Mas, explican que en el año 1900 sólo había dos ciudades (Madrid y Barcelona) con índices reducidos de población infantil. Esto era debido a la mano de obra joven (entre 16 y 30 años, fundamentalmente) que acudía a trabajar a estas ciudades y que se repartían la mayor parte de la tarta porcentual demográfica. Durante la primera mitad del siglo XX todas las provincias registraron un descenso en el peso de los jóvenes. Esta situación cambió en las décadas de 1960 y 1970 cuando la población infantil aumentaba «sobre todo en las ciudades, mientras que bajaba en el medio rural».
España vivió esos años el «progresivo envejecimiento de su población, extensible a la práctica totalidad de las provincias, pero de forma mucho más intensa en la mitad norte peninsular, con las excepciones de Madrid y Álava y, en menor medida, de las otras dos provincias vascas y de Valladolid, Barcelona y Pontevedra», concluye el informe.
Según recientes datos del Instituto Nacional de Estadística, el 11% de los habitantes del conjunto de la provincia han nacido en otras comunidades autónomas y en el extranjero, una cifra considerable tratándose de una tierra que no registra grandes movimientos migratorios. Entre los palentinos censados en la provincia, hay un elevado porcentaje de nacidos en otras provincias de la región. Casi veinte mil personas que residen en Palencia han nacido en las otras ocho provincias de Castilla y León.
Salamanca gana 700 habitantes en 2006 y sigue su recuperación
Adjuntamos la noticia que aparece en el Periódico Tribuna de Salamanca obra de Emilio S. Cófreces
La provincia salmantina va camino de atajar la sangría paulatina de habitantes que padeció en los últimos tiempos. Ésta es la tendencia que apuntan los datos del Padrón municipal de habitantes elaborado por la Junta de Castilla y León, donde se comprueba que Salamanca ha ganado 696 residentes en el último año, al pasar de los 352.414 con que contaba en 2005 a los 353.110 con que cerró el ejercicio de 2006.
En este incremento ha tenido mucho que ver la población extranjera, que se elevó durante este periodo de los 11.080 de 2005 a los 12.504 registrados un año después. Porcentualmente, los extranjeros representan un 3,5% de la población total de la provincia salmantina.
Para valorar el camino positivo que ha emprendido Salamanca en términos demográficos, basta con echar la vista atrás hasta el pasado reciente. Salamanca concluyó el año 2000 con 349.971 habitantes, lo que significa que ha ganado 3.139 residentes en lo que va de milenio, recuperando unas cifras similares a las de 1995, cuando vivían en la provincia 353.932 personas.
En cualquier caso, estos números están lejos de los 358.045 habitantes de 1980 y mucho más de los 381.976 de diez años atrás. Incluso hubo un tiempo en que los municipios salmantinos superaban la barrera de las 400.000 personas, tal y como se registró al término de 1960. Ese año se contabilizaron 406.925 residentes, cifra que se redujo posteriormente al emigrar muchos salmantinos a otros países en busca de un futuro mejor.
Comparación regional
Si la comparación se hace en relación a los datos arrojados por Castilla y León, Salamanca sigue la estela del crecimiento regional en 2006, cifrado en 12.721 personas más, hasta llegar a las 2.523.020.
De hecho, el repunte de población en la provincia salmantina es el menor de la región, descontando las dos provincias que pierden habitantes: Zamora (un 0,28%) y Palencia (un 0,18%). En términos de población total, conserva la cuarta posición, por detrás de Valladolid (519.249), León (498.223) y Burgos (363.874).
Densidad de población
En cuanto a la densidad de población, Salamanca se sitúa en el tercer puesto regional, con 28,6 habitantes por kilómetro cuadrado, por detrás de Valladolid (64) y León (32). En los últimos puestos están Soria (9,1) y Zamora (19,7).
Otro apartado que da claves sobre la situación demográfica de Salamanca es la distribución porcentual de su población según el tamaño del municipio.
Los últimos datos contabilizados, correspondientes a 2006, exponen que casi la mitad (45,24%) reside en municipios de más de 20.000 habitantes. La otra mitad se reparte entre los que viven en pueblos de menos de 1.000 habitantes (26,32%), los que moran en localidades de entre 10.001 y 20.000 residentes (12,06%), y los que lo hacen en municipios de entre 5.001 y 10.000 (6,29%), de entre 2.001 y 5.000 (5,12%) y de entre 1.001 y 2.000 (4,97%).




